Meson de Cándido

Sabed que Cándido no estaba loco

Sabed que Cándido no estaba loco

Gracias a la obra “Cándido, Mesonero de Leyenda”, podemos recordar la figura de nuestro padre. El periodista Aurelio Martín colaboró en la redacción de este libro y hoy queremos hablaros de uno de sus artículos. “No estaba loco”, señala el titular.

Aurelio se refiere a Cándido como el inventor de la cocina castellana. Y no, no estaba loco. Cuando servía su vino en modorros de barro ataviado con el típico traje segoviano, a los sones de la dulzaina y el tamboril, sabía perfectamente lo que hacía. Más tarde, por casualidad, comenzó a partir el cochinillo con el borde de un plato para, inmediatamente después, romperlo contra el suelo. Todos esos gestos son hoy costumbres adquiridas en Segovia, pero a Cándido le costó mucho trabajo, incluso llegaron a poner en duda su cordura, como afirma Aurelio Martín. Pero estaba más que cuerdo. Cándido, con su esfuerzo y humanidad, dio fama mundial a nuestro mesón y a nuestro cochinillo, que hoy en día es casi tan conocido como el acueducto que da sombra a nuestra casa. Nuestros centenarios comedores son reconocidos en todo el mundo gracias a la cordura de nuestro fundador y, por ello, no podemos estarle más agradecidos.

Aurelio Martín quiso recordar que Cándido no estaba loco. Nosotros lo teníamos claro. Hizo de nuestro mesón, y de nuestra ciudad, un referente gastronómico en toda España. Nuestros cochinillos, nuestros judiones de La Granja y nuestro lechazo, entre otros platos, son hoy alabados en todos los rincones gracias a la “locura” de Cándido López. Pues bendita locura, decimos hoy en nuestro mesón.

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