Meson de Cándido

De cómo nació el Libro de Oro del Mesón de Cándido y el triste destino de su primer tomo

En alguna ocasión hemos mencionado el Libro de Oro, en cuyas páginas apergaminadas han dejado su huella miles de visitantes desde que el Mesón de Cándido abriera sus puertas. Cándido lo puso a disposición de sus ilustres visitantes a partir de 1932 y muchos de ellos dejaron constancia de su paso por esta casa a través de frases, dedicatorias y comentarios.

                                                                                  Dedicatoria de Rafael Alberti

El primero de los Libros de Oro no existe pues, durante la Guerra Civil, Cándido López creyó oportuno destruirlo. Merecerá la pena escribir otro día sobre la llegada de los primeros clientes importantes al Mesón de Cándido, entre ellos el Consejo de Ministros de la República, y cómo en aquellas fechas turbulentas de mediados de 1930 Cándido, el Mesonero, decidió recoger las opiniones de los visitantes que empezaban a pasar por su casa de comidas. Aquel primer tomo al que nos referimos, el primer Libro de Oro, contenía las firmas de personalidades políticas de izquierdas, no solamente de Segovia. “Consideré, con gran dolor y contrariedad por mi parte, que lo más correcto era destruirlo, para evitar que por mi causa, pudieran surgir dificultades en una situación tan dramática como la que España había iniciado”, explica Cándido en su libro de Memorias.

                                                                                                     Nelson Rockefeller

 En los Libros de Oro del Mesón de Cándido abundan las dedicatorias, frases, versos y cumplidos de personalidades del mundo de la cultura, la sociedad, la realeza y la política de todo el mundo. Muchos comentarios están acompañados de dibujos y caricaturas. Cándido guardaba con especial cariño los primeros catorce tomos del Libro de Oro y recordaba que todas las personas que habían pasado por su casa habían tenido la ocasión de solicitar el Libro y estampar una dedicatoria en sus páginas. A veces dejaban billetes o monedas de sus países de origen, y otras muchas pintaban una bandera con los colores de su patria.

                                                                                                      Dedicatoria de Gila

 En más de una ocasión, lo complicado era fotografiar al comensal justo en el momento que estampaba su firma, pues no siempre había cerca un fotógrafo para que inmortalizara el instante. Muchos comensales enviaban fotografías dedicadas después de comer en el Mesón, por eso se conservan fotos de casi toda la Generación del 98 y la Generación del 27. Pablo Sorozábal, Rafael Alberti, Xavier Cugat, Salvador Dalí, Farah Diba, Nelson Rockefeller o Miguel Gila son solo algunos ejemplos de esta ilustre galería de personajes que dejaron su firma, dibujos y dedicatorias en el Libro de Oro del Mesón, aunque también curiosas viñetas, versos inéditos o trazos de lápiz que hoy podrían valer una fortuna.

                                                                                                   Dedicatoria de Mingote

 El primero de los tomos del Libro de Oro -que hoy se conserva- comienza en 1937 y concluye en 1947, en plena postguerra. “En el Mesón del segoviano, nada es vano”, escribió Ortega y Gasset en 1955. “Comer no es ingerir”, dijo Azorín en 1962. Y Charlton Heston, que visitó el Mesón cuando rodaba El Cid en España, escribió “A Casa Cándido, con mucho gusto”.

                                                                                      Dedicatoria de Salvador Dalí

 

 

 

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