Meson de Cándido

Cándido y los dos claveles de Mariano Benlliure

Cándido y los dos claveles de Mariano Benlliure

 

La vida del Mesonero Cándido estuvo forjada de grandes amistades. Muchas de ellas se establecieron a partir de sus viajes pero, sobre todo, fruto de la incesante actividad social que brotaba desde el Mesón del Azoguejo. Hay una anécdota bastante desconocida que relaciona a Cándido con el gran artista valenciano Mariano Benlliure. El Mesonero sentía verdadera admiración por su figura y su obra, repartida por medio mundo, y que en Castilla y León ha dejado huella en algunos lugares, como la Plaza de Bermillo de Sayago, en Zamora, y su busto de Federico Requejo; o la ciudad de Valladolid, donde se conserva una copia del original, realizado por él mismo también, de Benigno de la Vega-Inclán, en la Casa-Museo Cervantes.

 

Viajamos más de medio siglo atrás en el tiempo, cuando Cándido López está escuchando la radio en la trastienda de la –entonces- taberna. El aparato retransmitía una verbena madrileña en la que se subastaban dos claveles. En la puja participaba el escultor Mariano Benlliure porque quería regalárselos a su mujer, algo que finalmente consiguió pagando 300 pesetas. Cándido, que escuchaba atentamente todo lo que sucedía al otro lado del aparato transmisor, quiso comunicarse con el artista, y no se le ocurrió un modo mejor que a través de un periódico de Madrid. La ‘carta’ decía así: “Don Mariano, 300 pesetas son pocas para dos claveles destinados a su esposa. Yo pago esas 300 pesetas y les invito a cochinillo en mi Mesón”.

 

La misiva llegó a su destinatario y cuál fue la sorpresa del Mesonero cuando un buen día apareció Benlliure con su mujer y con dos claveles en la mano. La osadía del Mesonero fue correspondida y el artista, complacido… ¡terminó aceptando la invitación! Ambos entablaron una gran amistad, que perduró hasta la muerte del gran artista valenciano, en Madrid, en 1947.

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